A finales de los años 50, la voz del actor Laurence Oswald se escuchaba por primera vez en el metro de Londres con una advertencia que dura hasta nuestros días: Mind the Gap. Claro, conciso y mucho más concreto que la retaíla que te sueltan en el metro de Madrid: "Atención: estanción en curva. Al salir, tenga cuidado para no introducir el pie entre coche y andén".
En Londres lo resolvieron con un "Mind the Gap" (algo así como "ojocuidao con el agujero") que acabó siendo tan característico de la ciudad como el propio Big Ben y terminó impreso en camisetas, tazas y demás merchandasing londinense.
Lo que los londinenses no conocían es la historia tras esta frase y que ha salido a la luz este mes de marzo. Una historia de amor.
Con la modernización de los trenes y las distintas estaciones, la locución de Oswald fue retirada paulatinamente de todas las estaciones y fue sustituida por Emma Clarke, joven y fresca, más acorde con el nuevo siglo. Únicamente en la estación de Embankment, en la Northen Line, siguió sonando el acento británico de Laurence Oswald.
Tras fallecer el actor, en 2001, su viuda acudía a la estación expresamente a encontrar cierto consuelo en su voz. Se sentaba en el andén mientras veía los trenes pasar y escuchaba a su marido avisar a los pasajeros. De la noche a la mañana, la voz deOswald también desapareció de Embankment.
Con mucha tristeza, la señora de Oswald escribió al metro de Londres y les pidó una copia del mensaje original que grabó su marido. Conmovidos por la historia, en el metro le grabaron un CD con el mensaje y se plantearon la posibilidad de volver a emitir la grabación de Oswald en la estación de Embankment. Finalmente, su voz volvió el 8 de marzo a la estación.
No sé qué me atrae más de esta historia, si es ese enamoramiento tras milquinientos años de matrimonio, si es el consuelo que da escuchar la voz de tu ser amado aún cuando ya no está o si es el sencillo y a la vez complicado hecho de que el TFL (Transport for London), moviera sus administrativos mecanismos para satisfacer a una viuda (Ains... suspiro...).
Por el motivo que sea, me ha parecido interesante contaros la historia y desear muy fuerte que Maná no se entere de ella, no sea que le compongan una canción.
Vía. 1 , 2
