Estos días tengo visita en casa. Estoy de anfitriona y de guía turística por Madrid. Una excusa perfecta para acercarme al mercadillo de El Rastro, lugar del que normalmente huyo porque está abarrotado de gente.
Será porque me hago viejuna o porque me viene de familia pero, últimamente, estoy muy loquita con las antigüedades y he empezado mi pequeña colección personal.
¿Quién no querría una antigua máquina de coser en casa? Ojo, yo no quiero cualquiera, yo quiero la de mi abuela, que es como la que sale en segundo plano en esta foto.
Palabras aparte tiene este cinturón de castidad. Dejando de lado que es una reprodución, ¿quién querría tener uno en casa? Que levante la mano.
Seguiremos rastreando.


